Un mural colectivo contra el vandalismo
En una esquina castigada por grafitis ofensivos, el fondo recurrente cubrió materiales y honorarios de una muralista del barrio, además de jornadas participativas con adolescentes. Al apropiarse del muro con arte consensuado, disminuyeron las pintadas nuevas y aumentó el cuidado del entorno. Las cuotas futuras pagan barnices protectores y limpieza periódica. Más que una pared bonita, se construyó un pacto. Hoy, esa esquina es punto de encuentro y orgullo, y cada aporte mensual protege esa conquista comúnmente celebrada.